Este año en Modista cumplimos 98 años.
Noventa y ocho años acompañando a quienes crean con sus máquinas y manos. Noventa y ocho años viendo cómo cambian las técnicas, los materiales, las tendencias y las generaciones. Noventa y ocho años construyendo una historia que comenzó con un inmigrante sirio de 12 años que llegó a Chile y que hoy continúa gracias al trabajo de cuatro generaciones de una misma familia.

Para conmemorar este aniversario, quisimos mirar hacia atrás y recordar el camino recorrido. Pero también quisimos escuchar a las personas que han sido parte de esta historia: quienes construyeron la empresa, quienes la transformaron y quienes encuentran en el tejido mucho más que una manualidad.
Porque si algo hemos aprendido en estos 98 años, es que Modista nunca ha sido solamente una empresa de hilos y lanas.
Ha sido, ante todo, una empresa de personas.

Todo comenzó con una necesidad
La historia de Modista comienza con Emilio Saieg, un joven inmigrante sirio que llegó a Chile a comienzos del siglo pasado buscando una oportunidad.

Empezó vendiendo pequeños artículos de mercería. Con el tiempo, sus clientas comenzaron a pedirle algo muy específico: hilo para confeccionar ropa y realizar arreglos en casa.
Escuchar esa necesidad cambió el rumbo de la historia.
Lo que comenzó con la fabricación de pequeñas bobinas de hilo terminó convirtiéndose en una empresa que acompañó el desarrollo de la industria textil chilena durante décadas.
A lo largo de los años, nuevas generaciones fueron incorporándose al negocio, aportando conocimientos, innovación y una visión de largo plazo que permitió seguir creciendo sin perder el vínculo con los clientes.

Crecer, adaptarse y volver a empezar
La historia de Modista también refleja la historia de la industria textil chilena.
Hubo épocas en que el sector fue uno de los principales empleadores del país. Hubo años de expansión, de inversión y de crecimiento productivo.

Y también hubo momentos difíciles.
La apertura de los mercados internacionales transformó profundamente la industria nacional. Muchas empresas desaparecieron y otras tuvieron que reinventarse para sobrevivir.
Para Modista, ese proceso significó tomar decisiones complejas y cerrar una etapa importante de su historia productiva.

Sin embargo, lejos de representar un final, ese momento marcó el inicio de una nueva transformación.
Descubrir el valor de la comunidad
Con la llegada de nuevas generaciones al negocio, surgió una pregunta distinta.
Más allá de fabricar o comercializar productos, ¿qué buscaban realmente las personas que llegaban a Modista?
La respuesta apareció escuchando a la comunidad.
Así nacieron los cursos, los talleres y los espacios de encuentro que hoy forman parte esencial de nuestra identidad.
Poco a poco entendimos que detrás de cada ovillo había una historia personal.
- Personas que aprendieron a tejer junto a sus madres o abuelas.
- Personas que encontraron en el tejido una forma de relajarse y desconectarse.
- Personas que llegaron buscando una técnica y terminaron encontrando amistades, apoyo y compañía.
Porque el tejido tiene algo especial: reúne a las personas alrededor de una misma mesa, pero las conversaciones terminan hablando de la vida.
Un legado que sigue creciendo

Cumplir 98 años no significa mirar únicamente hacia el pasado.

Significa reconocer todo lo que hemos construido para seguir proyectándonos hacia el futuro.
Hoy seguimos creyendo en las mismas cosas que inspiraron nuestros primeros pasos: la importancia de elegir bien, de ofrecer productos confiables, de compartir conocimiento y de construir relaciones duraderas con nuestra comunidad.
La diferencia es que ahora esa comunidad es más grande, más diversa y está conectada de nuevas maneras.
Cada cliente, cada alumna de nuestros talleres, cada persona que aprende una nueva técnica o termina un proyecto tejido forma parte de esta historia.
Una historia que comenzó hace 98 años y que sigue creciendo puntada a puntada.
Gracias por acompañarnos durante todos estos años.
Seguimos creando juntos.
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