Hay algo muy especial que ocurre cuando tomamos un ovillo entre las manos, sentimos su textura, escogemos su color e imaginamos en qué se convertirá, quizás en una prenda, en un regalo, o tal vez solo deseamos aprender un punto nuevo. Pero, poco a poco, mientras la hebra corre entre los dedos y los puntos comienzan a aparecer, también empieza a pasar algo dentro de nosotras.
El ritmo baja. La mente se ordena. La respiración se vuelve más tranquila. Y ese momento, que parecía simplemente creativo, se transforma en una pequeña pausa de autocuidado.
Tejer es mucho más que una técnica manual o un pasatiempo. Es una forma de crear, de expresarnos, de acompañarnos y también de volver al presente.
Aunque no reemplaza un proceso terapéutico profesional, sí puede convertirse en una herramienta cotidiana para cuidar nuestro bienestar emocional. Porque tejer no solo nos permite hacer algo bonito con las manos: también nos invita a detenernos, a habitar el momento y a reconectar con nosotras mismas.
Tejer para volver al presente

Vivimos rodeadas de estímulos, pantallas, tareas pendientes y exigencias. Muchas veces estamos haciendo una cosa, pero pensando en diez más. En medio de ese ritmo, el tejido aparece como una invitación simple y amorosa: sentarse, tomar un crochet o unos palillos, elegir una lana y comenzar.
Punto a punto, el cuerpo encuentra un ritmo. La repetición del movimiento ayuda a concentrar la atención y puede generar una sensación parecida a una meditación activa. No porque la mente quede completamente en silencio, sino porque encuentra un lugar donde descansar.
Un estudio internacional sobre crochet y bienestar, realizado con más de 8.000 personas, mostró que muchas tejedoras practicaban crochet por creatividad, relajación y sentido de logro. Además, las participantes reportaron sentirse más calmadas, felices y útiles después de tejer. Y tal vez por eso tantas personas dicen: “tejer me calma”, “tejer me ayuda a desconectarme”, “tejer me hace bien”.
Porque en cada punto hay una pequeña pausa. Y en cada pausa, una posibilidad de volver a nosotras.
El tejido como refugio emocional

Todas hemos tenido días en que necesitamos bajar un poco el ruido. Días en que el cuerpo pide calma, la mente pide descanso o el corazón necesita algo suave donde apoyarse. Para muchas personas, el tejido cumple ese lugar. No porque solucione todo, sino porque acompaña. Porque nos da una acción concreta cuando estamos ansiosas, tristes, cansadas o sobrepasadas. Porque nos permite enfocarnos en algo pequeño y posible: ya sea un punto o una vuelta.
Tejer también nos enseña paciencia. Nos recuerda que una prenda completa se construye de a poco. Que incluso cuando hay que destejer, no significa que todo esté perdido. A veces desarmar también es parte del aprendizaje. Y esa es una de las metáforas más lindas del tejido: siempre podemos volver a empezar.

Tejido, comunidad y sentido de pertenencia
Aunque el tejido puede ser una práctica profundamente íntima, también tiene una dimensión muy linda cuando se comparte.

Un taller, una clase, un club de tejido o una junta entre amigas pueden transformarse en espacios de encuentro, conversación y apoyo. Se comparten dudas, avances, errores, lanas, datos, risas y también historias personales. En esos espacios no solo aprendemos una técnica. También construimos comunidad.
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La evidencia sobre tejido en grupo ha mostrado que estas instancias pueden favorecer el contacto social, la comunicación y la sensación de bienestar. Y quienes hemos participado en un taller sabemos que eso se siente: hay algo muy bonito en sentarse a crear junto a otras personas, cada una con su propio proyecto, pero compartiendo una misma energía.
Porque tejer juntas también es una forma de decir: aquí hay un lugar para ti.
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Una práctica simple, accesible y cotidiana
Una de las cosas más lindas del tejido es que no necesitamos demasiado para comenzar. Un crochet o palillos, un ovillo y las ganas de aprender pueden abrir la puerta a un mundo completo de posibilidades. Podemos tejer en casa, en una clase, en una cafetería, durante un viaje o en un ratito libre del día.

Un estudio sobre tejido y bienestar, destaca que es una actividad accesible, portátil y de bajo costo, con potencial para promover el bienestar en la vida cotidiana.
Esa simpleza es parte de su encanto. No necesitamos tener todo resuelto ni saberlo todo desde el principio. Podemos empezar con un punto básico, con una muestra pequeña, con una bufanda, un granny, una flor o cualquier proyecto que nos entusiasme.
Lo importante no es hacerlo perfecto. Lo importante es permitirnos comenzar.
Tejer como ritual de autocuidado
Pensar el tejido como autocuidado no significa convertirlo en una nueva exigencia. No se trata de producir más, terminar más rápido o llenar la vida de proyectos pendientes. Al contrario.
Tejer como autocuidado significa permitirnos disfrutar el proceso. Hacer espacio para una actividad que nos calme, nos conecte y nos recuerde que también merecemos momentos de pausa.

Puede ser un ritual pequeño: elegir una lana linda, preparar algo calentito, poner música suave, sentarse cerca de la luz natural y regalarse unos minutos para avanzar sin apuro. Cada persona puede vivirlo a su manera. Para algunas, será un momento de silencio. Para otras, una instancia de conversación. Para algunas, una forma de relajarse al final del día. Para otras, una manera de reencontrarse con su creatividad.
Lo hermoso del tejido es que nos recibe tal como estamos.
La invitación es volver a nosotras, punto a punto
Porque, cada punto puede ser una pausa. Cada proyecto una manera de volver a nosotras mismas. Cada taller puede convertirse en un espacio para compartir, aprender y sentirnos acompañadas.
Y a veces, entre lanas, colores y puntos, encontramos justo eso que necesitábamos: un espacio amable para respirar, crear y volver a sentirnos en casa.

Escrito por Alejandra Rodríguez Leyton
Diseñadora y profesora de tejido
Lic. en Química y estudiante de Psicología
IG @lemotitt.cl
Fuentes
Burns, P., & Van Der Meer, R. (2021). Happy Hookers: findings from an international study exploring the effects of crochet on wellbeing. Perspectives in Public Health, 141(3), 149–157.
Riley, J., Corkhill, B., & Morris, C. (2013). The benefits of knitting for personal and social wellbeing in adulthood: findings from an international survey. British Journal of Occupational Therapy, 76(2), 50–57.
Fancourt, D., & Finn, S. (2019). What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being? A scoping review. World Health Organization.
PRESENTACIÓN
¡Hola! Soy Alejandra y quiero contarte un poquito más de mí.
Mi carrera de profesión es Licenciatura en Química, pero lo cierto es que nunca me gustó mucho, así que el 2017 decidí cambiar el rumbo de mi vida y empecé a aprender todo aquello relacionado al tejido de manera autodidacta, me enamoré del crochet y quise aprender cada vez más de libros y revistas. El 2018 me atreví con mis primeros talleres, ya que una de mis pasiones es poder transmitir el conocimiento a otras personas. Desde ese entonces no paré de enseñar. Luego en el 2020 comencé a diseñar mis propios diseños, a realizar talleres temáticos y de crochet libre. He tenido alumnas de todo el país, gracias a las clases online y he conocido a muchas mujeres maravillosas que de alumnas se han convertido en amigas.
Este año estoy emocionada de que uno de mis diseños está publicado en la revista “El Arte de
Tejer”, es un sueño hecho realidad. Pensar que comencé sin saber nada a diseñar para una revista, es realmente un logro personal y una reafirmación del camino escogido.
A lo largo de mi experiencia me he dado cuenta de lo terapéutico que puede ser tejer, ya sea sola o acompañada, te abre un espacio donde todo lo demás desaparece y puedes encontrar calma. Para mí, se convirtió en una forma de expresión, me ayudó a escucharme a mí misma e ir creando el camino que hoy recorro.
Por eso, si quieres encontrar un espacio de bienestar ¡te invito a tejer!
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